Entonces, andan pidiendo la pena de muerte. No puedo opinar en ninguno de los foros porque no tengo nada racional que decir. El tema me aterroriza y para alguien que es más emotiva que pensante esto es suficiente para decir barbaridades. No puedo abordar el tema desde lo político, porque de política no sé nada. Tampoco puedo referirme a lo legal, porque apenas conozco bien una o dos leyes. Desde lo sociológico tampoco. Así que voy a pensar en conducta, en observaciones previas y en tendencias del ser humano a repetir los errores. Si es verdad lo que dice Zimbardo de que hay un efecto Lucifer y si es cierto que el convertir un acto en algo legal es un antihistamínico a la consciencia, puedo asomarme por una rendija al mañana. Por ahí anda un daimón convenciendo a los líderes de que la oposición debe ser eliminada. Por ahí anda un daimón logrando acuerdos a base de amenazas y sobornos. Los que no piensan igual mueren políticamente y las ovejas se han enfilado a hacer lo conveniente frente a sus fuentes de kool aid. El gobierno pide que se expulsen de las escuelas a los bullies y que se instale la guardia nacional para que la próxima manifestación del pueblo no esté tan concurrida. Y la gente dice si, si. La definición de justicia se ha convertido en algo tan relativo que los sofistas bailan sobre la tumba de Platón. Y dentro de este conglomerado de situaciones ansiogénicas, a alguien se le ha ocurrido que darle luz verde al gobierno para que decida entre la vida y la muerte es buena idea. Desde la azotea de mi paranoia observo el montón de libros de historia en una esquina de mi biblioteca y me digo...."Mjm, me parece que he leído esto antes en algún país".

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